Es todo un descubrimiento lo que sucede cuando estás disponible. Disponible para lo que viene, disponible para hablar, para servir, para viajar, para lo que haya que hacer. No es andar sin plan por la vida, más bien el plan es ese, que Dios cree el plan y estar sin tanto plan
para poder hacer Su plan.
En ese devenir, surgió una invitación: Venezuela-Experimento Marcos.

De nuestra iglesia en Bogotá (Comunidad Viva), surgió este viaje a visitar a una comunidad de fe naciente en Venezuela, pero no solo a visitar, sino a hacer un proyecto llamado Experimento Marcos. Algunos tal vez lo han escuchado, pero no es más que, con un equipo de 15 personas, actuar todo el evangelio de Marcos en 90 minutos. Fue de Unidad Cristiana
Universitaria en el año 2012, que me enviaron a Chile a capacitarme para
dirigir esta experiencia.
¡Hace 11 años!
Me costó, no puedo decir que no, volver a sentarme, leer y retomar, pero fue un plan de Dios que nos maravilló. Solo el hecho de ver a 15 personas leyendo por su propia cuenta el evangelio de Marcos, memorizando la estructura, recordando las palabras exactas de Jesús y actuando cada uno de los personajes; hizo que todo eso valiera la pena.
Venezuela, un lugar con tantos estigmas, preconceptos;
un lugar del que llegan migrantes constantes a muchos países; un lugar hermoso, sufriente, anhelante de liberación. Nuestra experiencia así de paso, fue interesante. Llegamos a la frontera en Cúcuta (entre Colombia y Venezuela), pasamos tranquilamente por migración y entramos al país. La primera impresión: volvimos a los años 2000. Terminales de buses llenos de personas con grandes paquetes, buses sin wifi ni opción de carga, taxis y buses clásicos, olor a gasolina pura.

Andamos desde San Antonio de Táchira hasta los Teques, estuvimos de viaje por más de 24 horas, nos subimos a 3 buses diferentes, y pasamos como mínimo 8 “Alcabalas”, retenes del ejército, la policía, migración etc. Percepción: parece estar en guerra, una policía que sospecha de su propia gente, que la requisa, la revisa hasta la saciedad, pero no para protegerla, sino para sacar de ella hasta la última gota de pesos, bolívares o dólares que lleven de más. Doloroso y entendible el querer salir; también entendible el querer quedarse y luchar.
Llegamos a un hogar de niños y niñas en situación de orfandad, Dios sigue tejiendo nuestros caminos con los caminos de los que no tienen a sus padres. Allí, en una casa campestre que Dios les dio a los directores de este hogar, descansamos y encontramos un refugio en el que nada faltaba. Como en una especie de retiro, conocimos a la gente, a las personas valientes que se han quedado y encuentran la manera de vivir, de reparar lo que se daña, de encontrar en medio de toda la incertidumbre y de un gobierno inestable, una comunidad para surgir.

Visitamos Caracas, otra cara de la moneda, creo que si solo hubiéramos llegado en avión de Bogotá a Caracas, tendríamos otra percepción del país. Grandes supermercados, restaurantes, salones de uñas y peluquería, café bar, dolarizado, gente bailando en las plazas. Compramos una gorra del equipo de baseball de Venezuela por 8 dólares, un buen precio. Volvimos a la casa hogar confundidos, pensando en las entrañas de estos contrastes.
La última parada era la más anhelada, llegar al pueblo donde surgió la comunidad de fe y donde se desarrolló. Otro contraste, el pueblo era llamado Tocorón, en honor a la cárcel que estaba allí, hogar del cabecilla del “Tren de Aragua”, organización criminal que dirigía los destinos de la población. Justo unas semanas antes de viajar, la cárcel fue tomada por el ejército y clausurada. El pueblo quedó sin ley y sin verdugo, pero con la Iglesia de Cristo allí orando. En ese lugar era la boda de Francys y Pedro, la pareja que años atrás conoció a Cristo en Bogotá, cuando su hija estuvo enferma y fue Jorge y la iglesia Comunidad viva, quienes abrieron el corazón para estar disponibles a los planes de Jesús con ellos.
Se casaron, yo canté, Samuel durmió y Andrés grabó.
Conocimos el pueblo, sus calles, vimos la necesidad, la fortaleza, vimos la escasez
y la gran riqueza de estar juntos. Conocimos a las familias de ellos, sus realidades, de las que tanto hablaban por zoom. Oramos, cantamos, comimos y comimos y comimos.

La comunidad de fe allí, luego de haber vivido Experimento Marcos y nuestra visita, sentimos que se fortaleció, que el plan del Señor era darles ánimo y las Palabras de Jesús para afrontar los retos que tienen en su contexto. Vimos que el plan de Dios con nosotros era que volviéramos a leer el evangelio, es extraño pero podemos estar tan cerca del discurso de Jesús y olvidarlo. Lo leímos con ojos nuevos y en mi caso, puedo decir que entendí el poder de solo compartir las palabras que dijo Jesús y el amor con el que nos mira, y cómo solo eso, lo cambia todo para una vida, una familia y una comunidad.
Últimamente he entendido que no son solo proyectos lo que hacemos, si oramos para estar disponibles para el Señor, se convierten en propósitos. Para el mundo, es locura no tener todo agendado y planeado, para nosotros es la manera en que conectamos con el sentir del Espíritu en este mundo tan necesitado. Somos muy afortunados al ser invitados a cada uno de estos propósitos.
NOTICIAS NOVIEMBRE:
En noviembre, participaremos en un encuentro Latinoamericano en Rionegro
Antioquia, de EMDC (Escrituras, medios, difusión y comunidad) https://espemdc.net/ una comunidad de personas y organizaciones que trabajan con medios de comunicación y la Palabra de Dios.
Nos invitaron para compartir nuestra experiencia con la serie Los del Camino, y
a dictar un taller acerca de la producción de documentales de bajo presupuesto.
Les pedimos orar por nosotros y si les es posible, apoyarnos con recursos para el
viaje hasta allí. De este encuentro, esperamos conectar con personas interesadas en contar historias de cómo el evangelio ha llegado a Latinoamérica desde el tono local, indígena y propio.
Gracias por leernos.
